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Nuestro bienestar común
debe tener la preferencia; la recuperación personal depende de la unidad
de A.A.
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Para el propósito de
nuestro grupo sólo existe una autoridad fundamental: un Dios amoroso tal
como se exprese en la conciencia de nuestro grupo. Nuestros líderes no son
más que servidores de confianza. No gobiernan.
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El único requisito para ser
miembro de A.A. es querer dejar de beber.
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Cada grupo debe ser
autónomo, excepto en asuntos que afecten a otros grupos o a Alcohólicos
Anónimos, considerado como un todo.
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Cada grupo tiene un solo
objetivo primordial: llevar el mensaje al alcohólico que aún está
sufriendo.
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Un grupo de A.A. nunca debe
respaldar, financiar o prestar el nombre de A.A. a ninguna entidad
allegada o empresa ajena, para evitar que los problemas de dinero,
propiedad y prestigio nos desvíen de nuestro objetivo primordial.
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Todo grupo de A.A. debe
mantenerse completamente a sí mismo, negándose a recibir contribuciones
ajenas.
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A.A. nunca tendrá carácter
profesional, pero nuestros centros de servicio pueden emplear trabajadores
especiales.
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A.A. como tal nunca debe
ser organizada; pero podemos crear juntas o comités de servicio que sean
directamente responsables ante aquellos a quienes sirven.
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A.A. no tiene opinión
acerca de asuntos ajenos a sus actividades; por consiguiente, su nombre
nunca debe mezclarse en polémicas públicas.
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Nuestra política de
relaciones públicas se basa más bien en la atracción que en la promoción;
necesitamos mantener siempre nuestro anonimato personal ante la prensa, la
radio y el cine.
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El anonimato es la base
espiritual de todas nuestras Tradiciones, recordándonos siempre anteponer
los principios a las personalidades.